No hay que justificar

Inusual movimiento se da en la Internet el sábado 26 de noviembre de 2016, hay pocas publicaciones, pero los que se puede revisar hablan de un ser casi inmortal, una noticia que era casi inimaginable, solamente en los sueños de los anticastristas. El personaje más emblemático de la izquierda en América Latina ya no tiene vida.

Con el pasar del día, la muerte de Fidel Castro agita las redes sociales, algarabía y profunda admiración por un lado, y por otro lado, el mal mandatario que gobernó mucho, pero mucho tiempo un país, donde la gente vivió y murió sin conocer otro mandatario; mientras que otros ven a un líder que condujo a un pueblo a la “dignidad”, elevándolo a altares inalcanzables para un ciudadano de a pie.

La cuestión está en que las personas en la red se enfrascan en comentarios a favor y en contra de un ser (Fidel), como si todo en la vida se tratará de blanco o negro. Los izquierdistas ecuatorianos no reconocerán la amistad que tuvo con el ex presidente del Ecuador, León Febres-Cordero, en cuyo gobierno se persiguió y desapareció a grupos que seguían el ejemplo castrista, ni tampoco reconocerán el ruptura de familias por la migración que tuvo en su largo periodo como mandatario. Y los de derecha no reconocerán el impulso en salud o en artes que aún tiene la isla, tal vez porque eso implicaría dejar de reconocer la importancia de la iniciativa privada.

La verdad, ojala ambos lados vean la realidad de manera objetiva, que en un país se necesita ejecución de políticas de salud, deporte, arte y cultura; pero que también puedan ver, que sin libertades no se puede avanzar, que se tiene derecho a elegir, a acceder, a pensar.

Es así que el respeto de los derechos es fundamental para el desarrollo de cada persona, para que un pueblo se sienta orgulloso, que no divida y sirva para encontrar coincidencias que permitan crecer como individuos y como nación, que no se justifique el fin, si eso implica atropellar esos derechos, como el derecho a la vida. Suficientes gobiernos autoritarios vivió la región para saber que no se puede justificar cualquier índice positivo, si para llegar ahí hubo muertes y restricciones.

Así que hay que ver el legado de Fidel, sin ninguna malla ideológica, para que realmente la historia no sea quién lo juzgue como un resultado dialéctico, si no la gente… tal vez se agite menos la Internet; y los cubanos puedan ver de una manera objetiva quien los gobernó.

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